Encuentro

En el silencio
encuentro mi sueño,
mi deseo,
afortunado anhelo.
No se trata de verte,
aunque no lo hago
hoy:
te siento.
En la distancia,
en los relojes sin tiempo,
la arena de tu desierto,
tu ausencia es nada,
soy el mismo,
abro mi alma:
ahí te encuentro.

Principio

Quedaron cortos los sueños,
ni las descripciones dadas,
eres todavía mi sorpresa,
la que nunca imaginaba.

Esa noche no fue corta,
pues platicamos por horas,
luego de eso,
todo es vida:
ya son otras tantas noches,
más de 120, ahora.

120 días,
pareciera que son nada,
comparados con la vida;
una vida que en solitario vivía,
aquella que era la mía
muy feliz a mi manera:
mi soledad y mi tiempo,
en romántica rebeldía.

Y mira ahora:
dos almas completas,
libres, abiertas,
que dada la concidencia,
y con toda independencia:
hoy pueden acompañarse
en gozosa complacencia.

Más días que la vida estival,
menos jornadas que en medio año,
siendo justos digo: “es poco”,
poco es este tiempo juntos;
pero de calidad, sin dudarlo.

Me había perdido en pensar,
a tantas musas me había dado
y sin siquiera notarlo
ha sido contigo mujer,
con la única que he saltado,
en este salto mortal de la confianza,
del “este soy yo” sin pensarlo.

Aquí estoy y sólo soy éste,
un simple y falible humano.
Mujer a Dios le doy gracias,
de Dios eres;
y ser testigo de tu vida,
ha sido Su mejor regalo.

Que hoy sea un buen principio,
no sé si de año o de ciclo,
pero este si es mi deseo:
que seas feliz.
tengas paz,
hasta que se acaben los días,
y que yo pueda ver tu sonrisa,
para que transformes la mía.

Es curioso lo que tengo,
un cariño inusitado,
de edición original,
algo nunca imaginado.
Un compromiso conmigo,
con plena consciencia de algo:
yo era feliz y completo,
y como hombre he mejorado,
sin quererlo ni buscarlo
soy mejor porque te amo.

 

La forma de querer tú- PEDRO SALINAS

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

“Crecer en grupo”

Crecí, y miento
si digo que en el corazón mío
no hubo acaso sentimiento;
no callé lo más mínimo,
lo visto dentro de mí,
aquello que me ha formado,
la sombra, lo oscuro,
mi ser más negro.

Lo mismo lo bueno,
la luz, mis valores,
mi ser en acciones.

Eso que soy
y lo que todavía hoy:
es cierto.

Se impone la congruencia a diario:
siempre muestro lo que siento,
en el grupo yo soy yo,
sin máscaras,
sin secretos.

El crecimiento se da
si cuando ocurre el pensar
coincide éste con lo que siento,
y si siento lo que pienso,
al reflejármele al otro,
también soy conmigo honesto.

Crecí en este grupo,
en este momento,
donde teníamos que estar,
atendiendo al otro,
congruente conmigo
y también con el encuentro.

Crecimiento cierto,
así como soy,
en el mostrarme completo:
sin antifaces,
sin juicios,
sin miramientos.

Camino contigo, camino sin ti,
caminamos juntos,
caminos distintos,
cada cual el suyo,
sin planes ocultos.
El fin es el mismo:
ser uno consigo,
con sus consecuencias,
consciente de sí
y con el alma abierta.

En el grupo soy yo mismo,
este que voy siendo hoy,
este ser que soy ahora,
quien será el mismo mañana,
que cambia cada jornada.

Cuando comparto mi vida,
me acompaño con el otro,
y en el encuentro de almas,
sin magias ni coincidencias,
me reconozco, me vivo,
y al hablar de mí,
soy un nuevo ser contigo.

En el grupo estás conmigo,
te respeto, te acompaño,
te escucho, me escuchas,
te digo: te quiero,
luego de abrazarnos
y siendo espontáneo:
lloro, me río,
me enojo y lo digo,
me recibes,
me aceptas,
me alegro por ti,
me alegro contigo,
somos dos una alegría,
y es sonreír empatía.

Cuando en ti percibo un cambio,
cuando tú al hablar te aceptas,
cuando al decir tu vivencia,
finalmente de ti te das cuenta,
nos vamos haciendo juntos
al compartir la experiencia.

Y entonces en un acto pleno,
que es el hacer de consciencia
eres capaz de decirte:
“soy este y no otro”
entonces yo te recibo,
no te juzgo,
ni te niego,
más bien con naturalidad:
te acepto.

Igual que te aceptas tú,
cuando al compartir con otros,
te reconoces, te vives,
te haces el dueño de ti,
y en tu corazón: despiertas.

zumbido

Aquí está, a mi alrededor, sin sueño activo,
me rodea, me canta, me zumba: molesta.
El mosco merodeador, cazador de sangre,
insistente ser fastidioso,
incómodo…pesado.
Pesa ahora más por mi sangre…
y pesará más mi mano,
que con firmeza caerá
sobre su naturaleza frágil,
sobre su pequeño ser
ahora que posado está en la puerta.
Y luego de un sólo golpe,
me vendrá la comezón,
causada por su piquete,
que permanecerá en mi mucho rato,
a pesar de su pesada muerte…

Así pasa en esta vida…
siempre se queda algo de alguien,
consecuencia de sus actos.

todo y nada

Conclusiones de algo que no termina.
Un pecho que arde vacío,
las manos que no acarician,
el sueño muerto despierto,
la sombra de nada,
todo sigue incierto.

Hoy es todavía no entender
¿qué fue lo que me hizo querer?
¿por qué el cariño fue tanto?
Tanto como para dejarte,
tanto como para no olvidarte,
tanto como para crecer.

Sin darme nada,
sólo dejándote ser,
en atisbos de miradas,
en tus roces “sin querer”
desempolvaste mi alma;
recuperaste mi ser.

Eso, es todo y nada.
Me abrazaste y basta.

Gracias, cariño y amor.
Amor y cariño que baste
en mi corazón quedaste.

Aquí hace no mucho tiempo
hubo un poema a una barca.
Hablaba de displicencia,
de rumbo incierto,
de fuerza.

Por distracción se perdió:
no se recuperó,
ni la historia,
ni la lancha.

No se hundió,
ni sumergió,
fue omitida por descuido.
Y a fuerza de irse:
encalló y calló,
en sinsentido.